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feminismo

06/03/2008 GMT -5

SOY UNA MUJER

drinsys @ 07:50

siempre hemos estado a la sombra de un hombre nuestra capacidad de pensar durante mucho tiempo ha estado reprimida por acciones machistas que impone la sociedad que en muchos casos ha sido culpa nuetra, los hemos dejado. como podemos considerar que siendo en el mundo mayoria nos dejemos dominar de los hombres, hasta cuando.
hemos dado pasos agigantados en la lucha por l igualdad, pero aun se escuchan historia de violencia en contra de las mujeres, aun somos discriminadas en algunos puetos de trabajo. desaparescamos este esteriotipo de inferioridad que hemos cargado desde hace tiempo....

por: Diana Janet Ibarra solis

HISTORIAS DE MALTRATO A MUJERES

drinsys @ 11:55

Erase una vez una niña nacida en un hogar conflictivo y disfuncional. Los primeros años de su vida su papá le dió mucha atención y hasta la malcriaba. Sin embargo, según fue creciendo comenzó a sentirse sola, abandonada por sus padres, y un motivo de discordia entre ellos. Sentía que la halaban de un lado para el otro y que tenía que hacer todo lo que le dijeran perfectamente bien, o no la aceptarían ni amarían.

Al llegar a la adolescencia anhelaba la compañía de otras jóvenes como ella, pero su madre le decía que las amigas la llevarían a hacer cosas indebidas y que era mejor estar sola. Así adquirió ella la noción equivocada de que no se puede confiar en nadie y que no existen las verdaderas amigas o amigos. Nunca aprendió a relacionarse con ninguno de los dos sexos.

Fue así que aquella joven se acostumbró a no expresar sus sentimientos ni contarle sus penas o sus alegrías a nadie. Aceptó el sufrimiento que le ocasionaba esto, como algo inevitable que no se puede cambiar. Sin embargo, al tratar de cerrarse al dolor que sentía pasándolo por alto, se cerró también a la capacidad de encontrar, recibir y dar verdadero amor.

Fue por la vida dando y haciendo por los demás, pensando que tenía que ganarse el amor y el respeto de ellos e inclusive hasta el de Dios. Su imagen de El era como la que tenía de sus padres: la amaría y aceptaría sólo en la medida en que le complaciera.

Un día aquella mujer ya madura comenzó a despertar. Se dió cuenta de que nunca había experimentado el verdadero amor ni había sido verdaderamente feliz. Lamentablemente, tampoco había dado ese amor ni esa felicidad. Comenzó a buscar el verdadero amor en sus seres queridos pero tampoco pudo encontrarlo, porque estaban tan heridos como ella o aún más. Inclusive cuando trató de relacionarse con ellos de una forma sana, fue rechazada. Experimentó entonces un vacío muy grande y se preguntó "¿adónde iré a buscar el amor que tanto necesito y a darlo?

Entonces se dió cuenta de que el amor y la felicidad siempre estuvieron a su alcance; que tenía un tesoro adentro que nadie podía quitarle. Aquel tesoro era su dignidad de hija de Dios y el amor que Dios le tiene a cada una de sus criaturas.

Al conocer ese amor por primera vez en toda su plenitud, aquella mujer ya no se sintió sola. Comenzó a valorarse como persona y por tanto ya no podía permitir que la humillaran, abandonaran o maltrataran. Supo que merecía mejor trato, respeto y atención. Comprendió también que el motivo por el cual no los estaba recibiendo no se hallaba en ella sino en otras personas. Ellos estaban muy enfermos, y no eran capaces de darle lo que ella necesitaba. No eran siquiera capaces de cuidar de ellos mismos, de una forma sana. A partir de ese punto llegó a la aceptación y comenzó su viaje hacia la paz y la felicidad. Comprendió que éstas no dependen de las circunstancias, sino de una actitud interior.

Ahora cada día es un nuevo descubrimiento, una nueva ocasión de conocer a Dios y a los demás y de amar y ser amada. Por primera vez, se siente contenta y en paz consigo misma.

Nota: La autora de esta pequeña biografía prefiere permanecer en el anomimato.

Un hombre feminista

drinsys @ 11:33

Para este historiador estudioso de mujeres, el meollo del feminismo está en hacer comprender que el enemigo no es el hombre, sino el diseño patriarcal de la sociedad.

Por: VLADIA RUBIO y DIXIE EDITH

Puede comprender mejor a las mujeres y se siente superior por eso; no quiere ser paradigma, pero sus alumnos lo persiguen por los pasillos de la universidad buscando encontrarse a sí mismos en el diálogo con este profesor de pelo largo; está en contra de la teoría de la media naranja, porque no quiere tener la mitad de nadie. Con 36 años en las costillas, Julio César González Pagés es definitivamente un hombre para ser entrevistado.

Desde que se graduó como licenciado en Historia ha desandado los caminos de la teoría de género y el quehacer de muchas mujeres cubanas. Investigador acucioso, acumula paradojas en su vida: desciende en cuarta generación de un hermano de Leonor Pérez, pero prefiere no hablar del tema ni investigar sobre la familia; le gustan las mujeres en todos los planos de la vida, pero también se ha dedicado a estudiarlas.

"Empecé a trabajar estos temas desde la licenciatura y un poco por curiosidad. Yo decía, bueno, en la historia de Roma, de Grecia, ¿no hay ninguna mujer que pueda marcar un momento, una época? También pasa en filosofía, donde solo se estudia a hombres. Entonces, casi como una burla, me dieron a investigar un tema sobre mujeres: el movimiento feminista de la década del 40. Después hice la tesis sobre las que habían participado en la Revolución y fue realmente la primera vez que el tema me enganchó".

Al principio, sus compañeros de aula se burlaban de lo que consideraban una investigación menor. Años después la vida les quitó la razón. Varios libros publicados, investigaciones reveladoras sobre las etapas del feminismo en Cuba, y una envidiable biblioteca sobre el tema, confirmaron la buena brújula de aquel historiador en ciernes.

-¿No es una paradoja que sea un hombre quien se dedique a investigar la historia de las mujeres?

-Yo creo que no, en Cuba hay mujeres que hacen historia de mujeres. Está Raquel Vinach, del Instituto de Historia, Dania de la Cruz, del Archivo Nacional. Lo que costó trabajo es incluirles a esos estudios el enfoque de género y yo entré justo cuando eso empezaba. Pero esta perspectiva tiene muchas interpretaciones, la mía es algo subversiva. Estudié un master en teoría de género a partir de la antropología y veo el tema desde el ser humano. No se trata solo de describir la historia de las mujeres, sino de darle a cada hecho una explicación, buscar su significado a escala social, y para eso hace falta un andamiaje teórico.

-¿Te ha enseñado algo ese mundo femenino?

-He aprendido mucho trabajando con mujeres, muchísimo: a equivocarme y pedir disculpas, a decir no sé, a volver hacia atrás. Ellas también tienen una capacidad de espera diferente. Hoy me siento un hombre superior. Por lo general, no tengo temas tabúes. He participado en seminarios Conozca su clítoris, por ejemplo, y me encanta porque a la hora de tener una relación sexual con mi pareja yo conozco bien al menos la teoría. Es muy difícil llevar ese tema a los hombres. No piensan, por ejemplo, que el clítoris lo ven a menudo y la guerra casi nunca. Sin embargo, de eso no se habla, pero de la guerra sí.

-¿Hay otras carreras de Historia en el mundo que incluyan cursos de género e historia social?

Julio César convive con la contradicción de ser un hombre feliz y a la vez angustiado
-No, es increíble. En Hispanoamérica esa asignatura no existe en los currículos de las carreras de Historia. Cuando la estaba preparando para incluirla, pensé que era algo atrasado con respecto a otros países. Pero no es así.

-¿Y cómo reciben estas clases los estudiantes?

-Las imparto en tercer año de Historia y en cuarto de Sociología, y las reciben con mucho placer.

Julio César no quiere que lo vean como heraldo del hombre venidero en cuestiones de género. Sin embargo, salta cuando descubre, en cualquier esquina, un acto de violencia contra la mujer, sea explícito o de esos otros tan sutiles que ni siquiera ella, apresada en una antiquísima construcción cultural, es capaz de identificar.

-¿No es lacerante estar constantemente contra esquemas y estereotipos preestablecidos desde la cultura?

-Es el compromiso más difícil para un investigador. Todas las cuestiones culturales tienen un sustrato de dominio y como está planteado el mundo, a los hombres no parece interesarles cambiarlo, porque tienen privilegios. Incluso, cuando en un futuro la figura fuerte en casa no sea solo el hombre, sino los dos, no todo quedará resuelto. Las mismas mujeres que participan de una cultura machista dudan, porque su estatus cambiará y no saben si para bien o para mal.

"La relación de pareja tal como está hoy, en el fondo, es dependiente. Tú buscas generalmente una mujer que sea tu madre, una sustituta, con lo cual sigues siendo un niño."

-Eso es freudiano hasta la pared de enfrente...

-No, no, hagan una encuesta para que vean que no lo es. Muchos hombres, y está estudiado, buscan solo "una mujer buena". Muy pocos te dicen que se casaron con una porque era inteligente, brillante, que los reta profesionalmente o en cualquier otro ámbito

-¿No estarás asumiendo una postura ultrafeminista?

-Estoy asumiendo la postura de alguien que estudia el tema, lo conoce y además, lo debate en talleres con personas bien disímiles. Además, yo me muevo entre mujeres, y también entre hombres que muchas veces han tenido una mujer que sexualmente es la candela, una sofocadora, pero con esa no se casan. Se casan con aquella otra que es buena, tranquila, sabe cocinar... porque con esa, dicen, tienen tranquilidad. La otra está bárbara para la cama pero hasta ahí. Es el mito de la maternidad perpetua, un conflicto que tiene que ver con el nivel de pureza. Data del siglo XIX: las mujeres son santas o putas. No hay términos medios. Pero a ningún hombre se le pide que sea un santo.

Las mitades no valen, mejor la naranja entera
Rascándose la barbilla, Julio César mira recto a los ojos y confiesa haber estado casado con una antropóloga colombiana feminista junto a quien trató de ser un hombre diferente.

"Era un doméstico increíble, limpiaba las ventanas, los cristales que se ensucian cantidad. Yo estaba tratando de ser el hombre nuevo, el paradigma. Parecía lo ideal, sin embargo fue un caos enorme como pareja: portazos, gritos, mucha incomprensión, ella era igual de celosa que una mujer no feminista."

Aunque no tuvo éxito, persevera en el empeño.

"Todo el mundo debe tratar de ser consecuente con su discurso. Si tú no te lo crees de verdad, jamás lo podrás hacer creíble. Yo soy presidente de una comisión en el Movimiento Cubano por la Paz que se llama Género y Paz. Allí preparamos talleres con estudiantes. Un amigo me dice que yo tengo un pase de propóleo por meterme a debatir masculinidad en la música con muchachos de la Escuela Amadeo Roldán. Yo le digo: para que no siga saliendo Tú eres una bruja. No puedo cambiar a José Luis Cortés, pero sí ayudar al que está allí de 16 años a reflexionar para que haga una letra más inteligente".

-En algunos debates sobre feminismo se olfatea cierto odio al hombre...

-Aquí en Cuba no, porque este país nunca fue del feminismo ultrarradical. Pero en otros países, sobre todo al inicio, fue bien diferente. Luego de la primera etapa de inmadurez, las aguas han ido tomando más o menos su nivel.

"Ahora no es tan radical: el hombre no es tu enemigo. El enemigo es el diseño patriarcal de la sociedad con los parámetros y raseros que traza. Ponen a un hombre en un cargo, falla y ponen a otro y a otro más. Si falla una mujer, entonces es que las mujeres no sirven para eso. Pero entre mil hombres que fallaron solo le diste a una mujer la oportunidad de fallar.

"Además, el problema no es solo que tenemos tantas técnicas, tantas profesionales; sino preguntarnos ¿hasta dónde podrían llegar? En la práctica, la mayoría tiene que cargar con los hijos, el trabajo en la casa y todo lo demás porque la norma no es que el marido se quede con los tres hijos porque ella se va de viaje.

-¿Tú te sientes un tipo fuera de la norma?

-En cierto modo. Yo vengo de una cultura hippie, soy extrovertido, me comunico bien con las mujeres y estudio el feminismo... pero enseguida me encasillan como el paradigma, a mí que no lo quiero ser. En la universidad soy profesor pero también joven. Me visto como mis estudiantes y muchos quieren que yo los tutoree; me traen sus problemas personales, me esperan fuera de clase para contarme hasta que van a abortar.

-¿Y eso no te afecta?

-Muchísimo. Mi vida personal es un caos. Porque soy una persona que, además de pensar en los demás y ocuparme de ellos, también tengo expectativas de vida: para mi pareja, para mis relaciones humanas.

-¿Cuál sería la mujer ideal para un feminista?

-No existe. No creo en seres ideales. Pero si insistes te diría que esa mujer debería ser feminista -aunque ya tuve una experiencia así que no funcionó-. Sería inteligente, espiritual, preocupada por los problemas del mundo que le rodea, con una alta autoestima. No una doméstica, porque sé hacerme mis cosas. Estoy en contra de la teoría de la media naranja. Yo no quiero tener la mitad de nadie. Una pareja deben ser dos seres completos conviviendo con inteligencia.

(Tomado de la Revista Bohemia)

12/11/2007 GMT -5

MUJERES VS HOMBRES

drinsys @ 21:37

FEMIEl feminismo logrará hacer caducos e irrisorios los sistemas anticuados de organización social e internacional en que las injusticias y las subordinaciones se ensañan, ante todo, en las mujeres de todos los países. Hoy herético, el feminismo llegará a ser a teoría y la práctica de millones de mujeres y de hombres en un mundo en busca de una sociedad equitativa”

ANDRÉE MICHEL

La palabra feminisme aparece en la lengua francesa a partir de 1837 para definirla doctrina que preconiza la extensión de los derechos y papel de la mujer en la sociedad. La doctrina feminista, desde su surgimiento ha ido acompañada del acciones múltiples en la lucha por defender los derechos de las mujeres y su papel en la sociedad. En los últimos años la teoría feminista ha forjado conceptos nuevos para el análisis de la condición femenina. La denuncia del sexismo se ha convertido en uno de los pilares de esta ofensiva. El sexismo es la consecuencia de la falacracia (dominación de los hombres sobre las mujeres o el sistema patriarca) el cual no es sólo una forma de hegemonía, es un sistema que utiliza, ya abiertamente, ya de manera sutil todos los mecanismos institucionales e ideológicos a su alcance —el derecho, política, la economía, la moral, la ciencia, la medicina, la moda, la cultura, la educación, los medios de comunicación, etc.— para reproducir esta primacía de los hombres sobre las mujeres. Cuando el historiador, el etnólogo o el sociólogo abordan la condición de las mujeres, la mayoría de las veces lo hacen de manera androcéntríca, proyectando su propio modelo de los papeles masculino y femenino sobre las sociedades pasadas o contemporáneas. Es sintomático, por ejemplo, que las estadísticas contemporáneas del trabajo no tengan en cuenta la labor desempeñada por una gran cantidad de mujeres en su condición de amas de casa. Según estos criterios las mujeres en el hogar no trabajan, cuando es muy fácil comprobar que el total de sus horas de trabajo doméstico iguala o sobrepasa el total de las horas asalariadas o que dan derecho a un ingreso.

Pero la historia de las mujeres no es sólo la historia de su represión, sino también la historia no menos ocultada hasta hoy de su resistencia en el curso de. los siglos a esta represión y a su encierro. Una protesta que va a acelerarse desde que los ideales de emancipación del individuo, formulados desde el Renacimiento, fueron ganando nuevas capas sociológicas. La protesta culmina hoy en los movimientos de liberación de las mujeres. Éstos tienen lugar principalmente en los países más avanzados del hemisferio norte. En las naciones en vías de desarrollo el movimiento feminista, cuando no es reprimido y clandestino, sólo implica a algunas mujeres instruidas y aisladas, a las que un abismo inmenso separa de las campesinas analfabetas o de las mujeres pobres de las ciudades. No obstante las reivindicaciones feministas expresan, en su mayoría, las preocupaciones de las mujeres de las clases medias de los países del hemisferio norte, y no constituyen prioridades para las mujeres del Tercer Mundo. Por ejemplo, el control de la procreación es una tarea de urgencia para millones de estas mujeres que están abrumadas por la sucesión de las maternidades no deseadas y y que se hallan desesperadas al no poder asegurar un bienestar material y educativo mínimo a sus hijos. Las feministas occidentales son cada vez más conscientes de la opresión que sufren estas mujeres; acusan a sus compatriotas de haber impuesto modelos y prácticas patriarcales al Tercer Mundo, al eliminar a las mujeres de la formación y las técnicas agrícolas, quitándoles sus derechos a la tierra en beneficio del marido cabeza de familia», y obligándolas al éxodo urbano, ámbito en el que no pueden encontrar empleo. Los expertos occidentales del desarrollo no han hecho más agravar el subdesarrollo de dichas mujeres. Esta situación favorece el mantenimiento de las costumbres arcaicas que son mutiladoras para las mujeres. Para tener y suprimir el sistema patriarcal, objetivo de la lucha feminista, hay que conocerlo a fondo en sus aspectos múltiples y en sus fundamentos ocultos más sólidos. Puesto que se alimenta, primero, del sistema de acumulación (de poder de lucro, etc.), lo que más urge es un análisis de la acumulación a escala mundial y en las relaciones de los países del hemisferio norte con los del hemisferio sur.

Entre las feministas existe el rechazo al sistema de valores impuesto por la sociedad moderna: competencia, culto del crecimiento ilimitado y del lucro, ~ miento del ser humano a la técnica y al economismo, gigantismo de los proyecto alta evaluación del egoísmo de la nación y de la familia nuclear, etc. Ann Tristan afirma que «para tener una oportunidad de estar sobre el camino de la verdad basta con tomar a la inversa todos los valores y las reglas de nuestra civilización masculina capitalista».

Algunos antecedentes: Francia en el siglo XVIII

En la Francia del siglo XVIII, las salonniéres triunfan: cada una se especializa en un espacio en la protección de uno o varios escritores del Siglo de las Luces. La Marquesa de Lambert expresa ideas feministas, Madame de Epinay protege al abad Galiani, Madame de Chátelet, a Voltarie Mademoiselle de Espínasse, D’Alembert, etc. Hijas o mujeres de banqueros desempeñan un papel importante Madame Necker y su hija Germanine de Stáel, abrieron su salón a los liberales. Madamme de Stáel, enemiga encarnizada del misógino Nápoleón, dirigió una cadena periódicos. En su salón, Madame de Condorcet y su marido se volvieron propagandistas de la igualdad de los sexos y de los derechos de las mujeres trabajadoras. En este periodo las mujeres de los medios populares desempeñaron un papel considerable de preparación y de apoyo a la lucha revolucionaria, tanto en París como en la provincia. En Bergerac, de 1770 a 1789, las mujeres participaron muy activamente en los motines a favor de la tasación del trigo. En Grenoble, en 1788, las mujeres dirigen una petición al rey; escriben una lista de sus quejas y denuncian la condición femenina: «Las hijas del tercer estado nacen, casi todas, sin fortuna. Su educación es muy viciosa o muy descuidada». Reclaman su franquicia, el derecho de votar y de ser representadas por ellas mismas, «puesto que los representantes deben tener absolutamente los mismos intereses que los representados, las mujeres no pueden estar representadas sino por mujeres». En 1789, las pequeñas comerciantes, las vendedoras de pescado, las lavanderas, las jornaleras, actrices, costureras, desempleadas, cantantes —alrededor de 4.000— se dirigen a Versalles, de donde volverán junto con la familia real y con el decreto sobre el precio del trigo. Las mujeres de las clases medias fundaron clubes para sostener la Revolución, algunos exclusivamente femeninos. Qlympie de Gouge publicó la Declaración de los Derechos de las Mujeres, cuyo artículo X afirma: «La mujer tiene el derecho de subir al cadalso, debe tener igualmente el derecho de subir a la tribuna». Condorcet habló ante la Asamblea Nacional a favor de la emancipación de las mujeres, era el mismo que había escrito en 1788: «El derecho de ocuparse directamente, o por representantes, en los asuntos de su país, es un derecho que los hombres tienen no por su sexos sino por su cualidad de seres racionales, que le es común con las mujeres. En 1793, después que las mt4jeres hubieran participado valerosa el esfuerzo de guerra de 1792 se plantean tres preguntas a los diputados franceses: ¿Debe permitirse la reunión de mujeres en París?, ¿pueden las mujeres ejercer los derechos políticos y tomar parte activa en los asuntos del gobierno?, las mujeres pueden deliberar, reunidas en asociaciones políticas o en sociedades A estas tres preguntas, los parlamentarios respondieron negativamente instaurando así la muerte política de la mujer.

Las reivindicaciones históricas del feminismo

Aún hoy cuando se han alcanzado incuestionables logros en la lucha por la igualdad de la mujer, hay que reconocer que continúan existiendo mecanismo sociales y culturales que la discriminan. En muchas naciones, la mujer de hoy vota, participa en la vida pública y política y en teoría, tiene las mismas oportunidades y derechos que los hombres en todos los campos. Sin embargo, no en todos los países se respetan de igual forma estos principios. Incluso en los estados constitucionalmente los plantean, las mujeres siguen siendo victimas de una vieja y sólida cultura machista. La violencia doméstica, el acoso sexual, el trato diferenciado son denuncias cotidianas en las sociedades modernas. La lucha de las mujeres en este sentido tiene una larga historia. La conciencia feminista actual se nutre de numerosos temas que habían comenzado a ser desarrollados Edad Media.

Por un lado, hay que mencionar la idea expresada en Francia en el siglo XIV (Cristina de Pisán) y en Inglaterra en los siglos XVII (Mary Astell) y XVIII (Mary Wollstonecraft) de que las diferencias entre hombres y mujeres no provienen de la naturaleza, sino de la distinta educación de los dos sexos, y de que el acceso de las muchachas a la instrucción debe prepararlas a asumir todas las funciones que se encuentran prohibidas por la sociedad. Igualmente relevante resulta la protesta contra la muerte civil de la mujer en la familia y su expulsión de las funciones económicas y políticas, difundida en el siglo XVI en Holanda, en Inglaterra en el siglo XVIII y en Francia en los siglos XVII y XVIII. El rechazo de la doble moral sexual fue expresado en el siglo XVII por las inglesas, y en siglo XIX por las saint-simoniaanas y las feministas del International Council of Women (ICW). Hay que mencionar, igualmente, la teoría de que la liberación de las mujeres sólo podría ser obra de las mujeres, y la posición de las francesas del siglo XIX, según la cual la liberación femenina es inseparable de la de todos los trabajadores. El derecho de la mujer al placer fuera del matrimonio fue reivindicado en el siglo XIX por Claire Demar y las saint-simonianas. Resulta también fundamental la relación establecida en las asociaciones filantrópicas y religiosas de comienzos del siglo XIX y en las asociaciones feministas de fines de dicha centuria entre la lucha por la promoción de las mujeres y la lucha por la paz. En 1870 André Léo enunciaba la creencia de las mujeres revolucionarias en el fracaso de la democracia porque los demócratas nunca han tomado en cuenta a las mujeres». Finalmente, no puede olvidarse la necesidad para las mujeres de extender su lucha a favor de la sociedad entera, idea formulada por Jane Addams y las feministas del ICW.

18/09/2007 GMT -5

EL FEMINISMO

drinsys @ 18:58

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El feminismo es un conjunto de teorías sociales y prácticas políticas en abierta crítica de relaciones sociales históricas, pasadas y presentes, motivadas principalmente por la experiencia femenina. En general, los feminismos realizan una crítica a la desigualdad social entre mujeres y hombres, y proclaman la promoción de los derechos de las mujeres. Las teorías feministas cuestionan la relación entre sexo, sexualidad y el poder social, político y económico.

A pesar de que muchas personas líderes feministas han sido mujeres, no todas las mujeres son feministas y no todas las personas feministas son mujeres. Algunas feministas consideran que los hombres no deberían tomar posiciones de liderazgo dentro del movimiento, pero la mayoría aceptan el apoyo de los varones.

El feminismo como movimiento social ha sido principalmente visibilizado como un movimiento de las sociedades occidentales en el siglo XX. No se encuentra asociado a ningún grupo, práctica o evento histórico en particular. Se crea a partir de la conciencia acerca de las desigualdades causadas por los sistemas sexo/género y de la búsqueda de la justicia social. Existen diversas formas del feminismo, como teoría, como práctica, como conciencia, como movimiento social internacional, nacional y local.

Algunos de los distintos feminismos son el feminismo cultural, el feminismo radical, el ecofeminismo, el anarcofeminismo, el feminismo de la diferencia, el feminismo marxista, el feminismo separatista, el feminismo filosófico, el feminismo cristiano y el feminismo crítico.

En general, los grandes logros de los feminismos han sido visibilizar a las mujeres como seres humanos.

11/09/2007 GMT -5

el feminismo

drinsys @ 19:42

el yugo, del machismo nos afecta a todas las mujeres debemos hacer frente a este hecho, crees que un mundo de tanto avances aun se ve conductas que discriminan la funcion de la mujer en la sociedad.

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